Gol de Bale

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No es un gol sino una revelación. El gol de Bale es en sí mismo una categoría futbolística, casi espacial. Una que les cuesta reconocer a los antimadridistas y a muchos madridistas. El gol de Bale no es cosa para aficionados. Para aficionados me refiero a iniciados. El gol de Bale está siempre apostado, siempre atento. Es como una esencia, como si no pudiera agotarse ni utilizarse de cualquier manera y en cualquier momento. Como si el cargador sólo tuviera balas escogidas para la posteridad.

Es un superpoder elevado. Y se contiene. El gol de Bale observa las jugadas y aprieta los dientes. A veces cierra los puños y golpea la tierra con ellos. Se requiere fe para creer en el gol de Bale, espectáculo de dioses. Es como si alguien lo sujetara, como si le hubieran enseñado al galés, igual que a Kal-El, que sus poderes han de ser usados para hacer exclusivamente el bien. Un bien sublime.

Gareth Bale juega al fútbol intentando cargar la maquinaria que da lugar al gol de Bale. Pero no es fácil. Es como un molinillo de café del que se lograra sacar inexplicablemente oro en polvo. Cuando está lesionado tiene que esperar como un soldado melancólico en el hospital, mirando el horizonte sobre el mar al atardecer, antes de irse a dormir apoyado en su muleta. Y luego tiene que regenerarse, sentirse, recuperar la movilidad autónoma que le devuelva su poder.

Bale parece siempre herido de bala. Imagino su espalda y su vientre lleno de cicatrices en el vestuario. Por eso quizá el gol de Bale es una pesadilla para sus enemigos y un milagro para sus seguidores. El enemigo no puede comprenderlo, pero conoce la furia contenida durante la convalecencia, donde se disparan las ideas. Temen cada regreso suyo, por eso lo bombardean. Creen que es un profesional, como el de Luc Besson. La tecnología y el pundonor garethiano se encienden cuando arrecian las críticas. Suele coincidir ese punto álgido de desprestigio con la apoteosis del gol de Bale. El gol de Bale viene para zanjar cuestiones de un cabezazo, de un zurdazo o de un chilenazo.

El gol de Bale es una bofetada (como la del otro día a uno que despotricaba contra él en Cope, tan solo unos segundos antes de que Gareth lo retratara) de las que te dejan marcada la mano en la mejilla y te sonrojan de vergüenza interior. Es una venganza exquisita, muy apropiada, sutil y contundente. El gol de Bale enmudece los estadios. El gol de Bale recarga al propio Bale, que se desprende de una vez de todos esos adjetivos que le han ido adhiriendo a la piel desde el último gol de Bale.

Se pudo ver el sábado en el Wanda, cuando el de Cardiff disparó con precisión al punto exacto por dónde tenía que entrar la pelota en la portería del gran Oblak; cuando en el aire saltaron todas las miserias endosadas, como las gotas de sudor de los púgiles al ser golpeados en cámara lenta. Esas miserias, esas gotas de sudor bien miradas, son en realidad esos críticos sedientos siendo lanzados a través de la cristalera, como por la borda, desde lo alto de un rascacielos o por la ventana de un bar. Son ellos dando vueltas en el aire, desenmascarados, aterrados. El gol de Bale los lanza siempre metafóricamente por encima de sus asientos mientras los demás aplaudimos.

El gol de Bale es la venganza perfecta (como cuando se van sucediendo al mismo tiempo todos los ajustes de cuentas pendientes de Michael Corleone) y, sobre todo, el arma definitiva. Esa arma le ha dado al Madrid noches de gloria. Ese gol de Bale tan caro, tan esquivo. Ese gol inteligente y sorpresivo. El gol que deja que lo olvides para deslumbrarte como la primera vez. Lo que sueñas y se hace realidad. El gol que está ahí siempre lejano, y sin embargo te ronda.

Y sientes que te observa como Drácula a Mina Murray. Ese gol que se pierde mientras se escupe sobre su memoria y de pronto él aparece como el sábado en el Wanda, como William Munny bajo la lluvia. Yo he visto demasiadas veces (y usted también) a todos esos boceras arrastrarse hasta el (poli) rincón más oscuro, como si le hubieran oído decir, bajo los truenos: “Todo aquel que quiera seguir con vida será mejor que se largue”.

18 COMENTARIOS

    • Está en el Radio de ayer. No tiene desperdicio. Y Poli Rincón me recordó por momentos al protagonista de “múltiple”, diciendo primero que el Madrid jugaba con 10, y luego deshaciéndose en elogios al galés, todo en el transcurso de 10 segundos.

      • Me lo habéis pisado.
        El que destacaba en estulticia en la Cope era Poli Rincón, como todos sabemos, antiguo jugador madridista, que representa a la perfección el papel de tonto útil.
        Saludos.

      • lo oí también en El Radio, pero lo bueno del vídeo que puse, es que se ve la imagen, mientras oyes al imbécil de Poli, a Lama, y el resto de inteligentes que habitan por allí.

    • Gracias, Ant. Son las dos válidas. La RAE dice ser más etimológicamente correcta con “b”, por “boca”, de “bocazas”. Pero se admiten las dos.

      • He de decir que yo he tenido que ir a buscarlo a la rae, porque también me parecía que era con V. Allí he descubierto que se puede utilizar tanto con B como con V. Así que gracias por la lección de hoy señor De Las Heras.

      • De nada. Pensaba firmemente que venía de “voz”.

        De cualquier forma esta es la frase que contiene el concepto, la patada de Gareth: “Gareth Bale juega al fútbol intentando cargar la maquinaria que da lugar al gol de Bale”.

  1. Gol de Bale en un partido importante, da igual cundo leas ésto.

    PD: y muy bien hecho ese “robocopiano” corte de mangas, espero que fuera al impresentable del Poli Rincón, aunque seguro que el bueno de Gareth tiene la inmensa suerte de no saber quien es.

  2. Excelente artículo, a su altura.
    Y la foto que lo ilustra también es digna de comentar. Jiménez derrotado en el suelo. Los seguidores atléticos con cara de circunstancias.
    Y ese colchonero que sujeta la pancarta “Lucas quiero tu camiseta” junto al que corre Bale celebrante, queda ya tan fuera de lugar, que debería tacharla con un boli y poner, “Bale, fírmame tu con el rotu indeleble de tu izquierda”.
    Saludos.

  3. Magnífico artículo, Mario.
    Bale es un jugador descomunal. Además, es elegante y consigue impregnar sus goles con la belleza que sólo los elegidos pueden dar a sus obras de arte. Fue declarado mejor jugador de la final de la última Champions y mejor jugador del último mundial de clubes. De vez en cuando lo lesionan esos carniceros vestidos de corto a los que le permiten todo contra el Real Madrid. Otra vez hay que esperar. Pero lo mismo que sucede con el Madrid, Bale siempre vuelve.

  4. Además, me gustaría añadir que entiendo que los antimadridistas digan que hay que vender a G. Bale, por el daño que puede causarles. Pero lo que me llena de una rabiosa frustración es que los madridistas lo critiquen tan despiadadamente o que lo pongan a la altura de jugadores como L. Vázquez o Isco. No se dan cuenta estos madridistas que muerden el anzuelo de los ponzoñosos Pulido, Relaño, Fouto, Rincón, etc. haciéndole a veces irrespirable el ambiente en su propio estadio. De todas formas, el jugador habla en el campo para regocijo de los que le admiramos.

  5. Tácticamente es muy mejorable, psicológicamente deja muchísimo que desear y su físico es problemático. Su calidad está al espacio y en su disparo con la izquierda que es técnicamente impecable. Un gran chutador para las segundas partes.

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