Fernando I El Grande

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“Papá, ¿aquí es donde se mató Fernando Martín?”

Así es, hoy hace 29 años. Lo he debido de repetir tantas veces a lo largo de este tiempo que mi hijo ya tiene asociada la fatídica curva de la M-30 a un jugador al que nunca vio sobre las canchas.

Fernando Martín ha sido de largo mi jugador favorito de baloncesto. Algunos galernautas sabrán que en fútbol lo fue Santillana. Sé que no eran los mejores en sus puestos y soy consciente de las debilidades técnicas de ambos, pero precisamente por eso, y por haber sabido suplirlas con una garra y un coraje encomiables (con unos huevos como los que pone un diplodocus), es por lo que me quedo con ellos.

Por encima de cualquier otro rasgo, Fernando Martín destacaba por su lucha y su carácter competitivo. Era un ganador como he visto pocos. Empezó a ser conocido ya en el colegio San José del Parque, mi colegio, por cierto, aunque destacó primero como jugador de balonmano y luego como nadador (fue campeón de Castilla). Era 8 años mayor que nosotros, y entonces no era muy conocido, pero sí recuerdo haberle visto entrar una vez a nuestra clase. Se oyó un murmullo entre todos nosotros al ver a un tiarrón de su tamaño (a lo alto y a lo ancho), con esa voz que te acojonaba. No recuerdo si vino a pedir un paquete de tizas o a darle un recado al Chispa (nuestro querido profesor de Matemáticas), pero estoy seguro de que el profesor le dio las tizas al instante.

Aquí las tienes, toma, toma, ¿quieres algo más, majete? Pero no me pegues. Y es que con esa mano y esa voz, un guantazo parecía algo natural.

Desde su juventud, Fernando Martín destacó y triunfó en todo lo que hacía. Consiguió que nuestro colegio fuera campeón nacional de baloncesto, algo que yo creo que no volvimos a lograr nunca. Comenzó su carrera profesional en el Estudiantes y logró que el equipo fuera subcampeón de Liga en 1981. Sólo una vez en su historia los del Ramiro de Maeztu han estado tan cerca de ganar la Liga, en 2004.

Enseguida le fichó el Real Madrid, llegó a la selección española y comenzó una nueva etapa gloriosa para los blancos y para el combinado nacional. Con Fernando en sus filas se consiguió la plata en los Juegos de los Ángeles y el Europeo de Nantes. Martín siempre quería más, así que después de ganar 4 ligas en 5 años, creyó que había llegado el momento de dar el salto a la NBA y se marchó a la aventura americana en los Portland Trail Blazers. Era 1986. Para mí, ese momento marca el punto de inflexión en la liga ACB, que desde entonces y durante casi dos décadas pasó a dominar claramente el Barcelona. En esos veinte años el Real Madrid solo ganó la ACB en cuatro ocasiones.

Hoy en día el salto a la NBA nos puede parecer normal, pero en aquellos años era algo excepcional. De hecho, fue el segundo europeo en jugar allí. El primero en llegar sin haber pasado previamente por las ligas universitarias americanas. No tuvo suerte, su carrera estuvo muy lejos de lo que han sido Pau y Marc Gasol, incluso Calderón, Ricky o Rudy, pero fue un precursor, abrió el camino para muchos otros que llegaron después.

Fernando Martín volvió a Europa, y se le apreció una mejoría en algunas facetas de su juego (el tiro exterior, los tiros libres), aunque su espalda empezó a darle guerra y a mermarle en algunas batallas. Porque para Fernando Martín, los partidos eran eso, batallas enconadas contra el enemigo.

Hasta aquí, nada que un buen aficionado al baloncesto no supiera. Ahora voy a contar los momentos de Fernando Martín que a mí más me levantaron del sofá. Uno fue en la semifinal de Copa del Rey contra el CAI Zaragoza en 1986, equipo en el que jugaba por aquel entonces José Luis Llorente. Recuerdo que llegué a casa del colegio y puse rápidamente la tele. Quedaban menos de dos minutos y el Madrid iba 10 abajo. Pocas veces se remonta una ventaja tan amplia en 1 minuto 50 segundos. Pero el Madrid lo hizo, empató y forzó la prórroga. Este invento maravilloso de YouTube me ha permitido encontrar el partido completo:

Fernando Martín era un jugador que casi nunca tiraba de 3 puntos, pero en aquel momento, con toda la tensión, 5 puntos abajo, pide el balón desde 6,25 y se casca una pedrada contra tablero. Con convicción, con un par, ese era Fernando, el balón iba a entrar como fuera por sus santos cojones. El Madrid se pone a 2 con su triple y a los jugadores del CAI les entra una “temblaera” que acaba con ellos en una prórroga lamentable.

En un documental que vi tiempo después de ese partido, comentaba un exjugador (no recuerdo si fue Iturriaga o Joe Llorente) que con el Madrid 10 abajo, y en el tiempo muerto de Lolo Sáinz, Martín se acercó con su vozarrón para que le oyeran los jugadores del CAI:

Venga, muchachos, esto está ganado, están asustados. Y los del CAI le miraban como diciendo: “este tío está hablando en serio”. Y vaya si lo hacía, como se demostró.

Otro de los pocos triples de su carrera lo anota en el famoso partido del triple de Solozábal, en la final de Copa del Rey de 1988 en Valladolid. Yo me sentí atracado, robado, estafado, me pillé un rebote tremendo. La prensa no dijo nada y a mí me costó años encontrar el vídeo. Solo lo conseguí con una narración en catalán, así que le he añadido una música de fondo: Crystal frontier, del grupo Calexico, una canción repleta de fatalismo sobre esa frontera de cristal, que para este vídeo me venía estupendamente:

Seguro que Joe Llorente podría contar muchas cosas de ese día, de la personal que le pitaron, de Romay, de Nacho Solozábal o de Fernando Martín. Seguro que se cargó algo al entrar al vestuario, ¡menudo atraco! Atraco del que, por cierto, igual que ocurrió con los de Tenerife o como pasa hoy en día, no habló nadie. Me encantaba esa mala leche en la cancha, esa seriedad. Recuerdo sus peleas con Audie Norris, la bronca con Mike Davis, el partido con los Celtics, los Juegos de Los Ángeles… Nos dejó grandes momentos.

Su mentalidad quedó más patente que nunca en la famosa final de Liga de 1989, contra el Barça, cómo no. El Madrid había perdido el primer partido por 25 puntos, y Martín no había podido jugar por sus problemas de espalda. Ni siquiera había viajado a Barcelona para el segundo partido, porque su participación estaba descartada. Sin embargo, cuando el equipo estaba acabando de comer, se presentó Fernando en el restaurante y les soltó su mítica frase:

Yo no me levanto de la cama para perder. Y jugó, dolorido, pero jugó. Y pidió el balón y se peleó una vez más con Audie Norris. Contagió su espíritu y su carácter a sus compañeros. Y el Madrid logró una vez más lo imposible, ganar aquel partido. Las caras de los culés eran una mezcla de asombro y perplejidad, “¿cómo es posible…?”

Aquel año de su fallecimiento, 1989, fue el de la retirada de otro mito del baloncesto: Karrem Abdul-Jabbar, el pívot de los Lakers que sigue siendo el máximo anotador histórico de la NBA. El semigancho de Fernando era muy diferente al sky hook (gancho desde el cielo) de Kareem, pero igual de efectivo. Recibía de espaldas, giraba y cargaba a su defensor, se hacía un hueco y soltaba el gancho contra tabla o directamente al aro. Dos puntos, siempre.

Tenía un carácter ganador que te cabrea no encontrar en jugadores mucho más dotados técnicamente. Fernando representa el madridismo como pocos. Pertenece a la estirpe de Juanito, Santillana, Llull, Nocioni, Felipe Reyes… o Rafa Nadal, otro madridista ilustre de carácter.

El gen ganador no se hereda ni se transmite, se tiene o no se tiene. El propio hermano de Fernando, Antonio, un superclase con mejor tiro, movimientos más finos y mejor técnica tuvo una carrera muy inferior. Se retiró con 29 años. El hijo de Fernando, Jan, tampoco heredó ese gen ganador, y pasó sin pena ni gloria por Estudiantes, Real Madrid y Fuenlabrada, para acabar en la liga de Israel.

Ha pasado mucho tiempo, pero me sigo acordando de él cada 3 de diciembre o cada vez que paso la curva. Cuando aquí todavía no se retiraban los números de los grandes jugadores (estaban todos numerados del 4 al 15), la ACB permitió al Madrid que lo hiciera con el mítico 10 de Martín, que nadie ha vuelto a llevar desde entonces.

Hace tiempo comentaba con un amiguete que no podía entender a esa gente que iba a la capilla ardiente de un famoso. Yo solo he ido una vez a la de un personaje ilustre, y fue a la de Fernando Martín, en la antigua Ciudad Deportiva. En 1989 empezábamos a ver partidos de la NBA en un programa dirigido y presentado por Ramón Trecet que se llamaba Cerca de las estrellas. Había un libro de condolencias y tenía mi mensaje en mente:

“Fernando, para ti no era suficiente, querías estar todavía más cerca de las estrellas”.

21 COMENTARIOS

  1. Para mí, Fernando Martín Espina fue mi ídolo de infancia junto con Juanito, eran madridismo en vena.
    Nunca me olvidaré del fatídico 3 de diciembre de 1989, hoy 29 años después me emociono recordando al Cristóbal Colón del baloncesto español.
    Estuve en el cementerio de la Almudena y visité su tumba con todo el recogimiento y respeto que merece EL MITO.
    Tabarnia Madridista.

    • ¡Fuiste un paso más allá que yo, amigo! Me pasa como a ti, que me sigo emocionando y me sigo acordando cada año. Por eso me pareció tan brutal el homenaje de Rudy Fernández cuando participó en el concurso de mates de la NBA con la camiseta-homenaje a Martín de los Blazers, con el 10 a la espalda. ¡Bestial, Rudy, muy bueno!

  2. Yo tampoco me olvidaré de aquella tarde terrible, que me pilló con 13 años. Creo que el inicio de la decadencia de dos décadas fue ahí y no en el 86 (con la colaboración de los pitóforos de la ACB, claro está)

    Ya si eso, otro día hablamos del tal Juanjo Neyro en esa misma final de 1989 que has mencionado.

    Abrazos

    • Aquella final del 89 fue vergonzosa, la del partido de Epi dando saltitos celebrando el título cuando el partido se seguía jugando. Muy valiente él, el Madrid acabó con cuatro jugadores en cancha. Dos datos que recuerdo de Neyro (hablo de memoria, corrígeme si me equivoco): el Madrid perdió los 3 partidos que pitó Neyro como principal y ganó los otros 2. En ese quinto partido de los saltitos de Epi: F.C. Barcelona 19 faltas personales, Real Madrid 40.
      No hay mucho más que decir. Saludos.

      • Buenas tardes, para complementar su interesante comentario y a efectos meramente informativos, añado: 1) se trata sin ninguna duda del mayor atraco, robo, etc… en la historia del deporte profesional 2) Nos pitaron para ser exactos 42 personales, aunque el dato en sí, es lo de menos y 3)Lo importante, es que el compañero del Sr. Neyro en su tarea de arbitrar( es un decir), se llamaba y se llama D. Francisco Monjas, co-participe de aquel latrocinio y OJO, actual director técnico del Comite Técnico de Arbitros de la A.C.B. donde nos sigue persiguiendo sañudamente, es más su última fechoría, fue la final de la Copa del Rey del año pasado donde el equipo de sus amores La Orga, nos gano con malas artes, sólo comentar que la temporada pasada con Luca Donciç, ganamos la Euro Liga, y la liga A.C.B. PUES ERAMOS CON DIFERENCIA EL MEJOR EQUIPO DEL MUNDO FUERA DE LA N.B.A. Sólo perdimos 3 veces de 5 que jugamos contra ……. Adivínenlo contra quien no es difícil
        Saludos blancos, castellanos y comneros

          • Como ya se ha dicho, aquel quinto partido en el Palau Blaugrana, en una final de la ACB, fue el mayor robo deportivo que he presenciado nunca. Perpetrado por Neyro, aquel árbitro que se la tenía jurada a Petrovic, desde que este le escupió en un partido amistoso en el que todavía jugaba con la Cibona de Zagreb, precisamente contra el Madrid.
            En el descanso el Madrid ganaba en el Palau, y tenía posibilidades claras de ganar la liga. Pero los árbitros decidieron que no era el día.
            Como muestra de regodeo en el robo, Epi daba saltitos de celebración, cuando el Barcelona estaba jugando contra cuatro jugadores del Madrid, de los cuales uno era un junior que no había jugado nunca con el primer equipo. Nos pitaron tantas faltas en la segunda parte, que ya no había más jugadores para hacer cambios.
            Y Epi, aquel jugador “intachable” decidió imitar a Petrovic, como burla, pero sólo se atrevió a hacerlo cuando ya ganaban jugando contra cuatro. Para mí fue una completa decepción que un jugador tan deportivo hasta entonces, se comportara de esa manera, y más con jugadores con los que compartía selección.
            En el programa “informe Robinson”, se puede ver un capítulo dedicado a ese partido ignominioso, en el que después de oir lo que cuentan los protagonistas, salvo el fallecido Neyro, por razones obvias, se saca la conclusión de que, efectivamente, fue un robo escandaloso.
            Saludos.

  3. El día se ha levantado nuboso, gris y frío como aquél triste domingo del 89. Recuerdo aquella pena y ese sentimiento de pérdida irreparable como si fuera hoy. Grande siempre.

  4. Me ha gustado mucho el artículo. Siempre tuve predilección por Fernando Martín, nacido ganador. Era el rasgo distintivo de este magnífico jugador. En la NBA ni tuvo suerte, ni fueron justos con él. Yo creo que en aquella época la endogamia en la NBA era harto elocuente.

    Soy catalán y, naturalmente, español. Y, sobre todo, madridista. Desde hace tiempo testigo directo de la idiosincrasia culer. Solo me queda añadir, estando de acuerdo con lo que se ha escrito al respecto en este artículo, que no he conocido colectivo peor en cuanto a catadura moral.

  5. Creo que este artículo no necesitaba de un comentario sobre la narración en catalán de un partido. El idioma catalán es respetable y hermoso; no deberíamos olvidar que forma parte del riquísimo patrimonio cultural español. En cualquier caso, me quedo con el grueso y fondo del artículo. La figura del inconmensurable Fernando Martín.Lo más importante.

    • Estoy de acuerdo, Floquet, no hago ninguna crítica del idioma catalán, que como bien dices forma parte de nuestro patrimonio. Lo que ocurre es que en el vídeo original el comentarista se emociona con las jugadas del Barça y de modo especial con el triple de Solozábal, así que por eso prefiero acallarlo, bajar ese tono de euforia. Bastante tuve con mi cabreo como para escuchar de nuevo a un aficionado culé celebrando la derrota (injusta) de los nuestros. Saludos.

      • Buenas tardes, gracias por los videos, son joyas históricas y me parece bien que haya ocultado los comentarios en catalán de algún racista de mierda, diciendo que el arbitraje le parece madridista, con toda la cara del mundo.
        Saludos blancos, castellanos y comuneros

  6. Precioso e interesante, por los detalles que nos aportas, homenaje a uno de los jugadores más grandes que ha dado el baloncesto español y como bien dices el que abrió las puertas de la NBA a los demás….

    Para mí también fue uno de mis grandes ídolos del baloncesto, por no decir el que más…..y aquel día fue un día muy triste para muchos madridistas y también para muchos aficionados al baloncesto…aún cuando salen imágenes de él me da mucha pena porque se fuera tan pronto, con toda la vida aún por delante….

    Saludos

    • Gracias, Paz, los jóvenes de hoy en día pueden pensar que llegar a la NBA es algo sencillo y hasta natural, destacas en Europa y te draftean en la NBA, pero la realidad es que era un coto muy cerrado al que para llegar había que pasar por universidades americanas, como Schrempf o Glouchkov. Una pena que se fuera tan pronto, nos metió a los aficionados del Madrid de baloncesto en una depresión (moral y deportiva) de la que tardamos años en salir. Un abrazo.

  7. Muy buena entrada, muy emotiva. También recuerdo perfectamente aquel fatídico 3 de diciembre, era domingo y costó mucho terminar de creer lo que había pasado, las noticias iban llegando poco a poco hasta que se confirmó el fatídico titular.

    Yo entonces ya estaba en la universidad pero el ser ex alumno del mismo colegio San José del Parque también me hacía parecer todo más cercano, y más terrible.

    He pasado por esa curva cientos, miles de veces, sigo pasándola, de hecho hoy mismo la he pasado hace tres horas volviendo de ver a mis padres en la Alameda de Osuna. Y aunque recuerdo que la cambiaron poco tiempo después de la tragedia, haciéndola de radio más amplio, sigo sin concebir la velocidad a la que pasaría para tener aquel terrible accidente.

    Como dato intrascendente diré que el coche que conducía en el accidente era un Lancia Thema 8.32, un “rara avis” en la época y aún más raro hoy en día, pues era un Lancia de carrocería berlina 4 puertas bastante normal con el motor Ferrari 3 litros del Ferrari 308 colocado de forma transversal que daba 215cv en el Lancia frente a los 240cv que daba en el deportivo de la mítica marca de Modena. Un pepino bastante caro hecho para competir con los primeros BMW M5 y otras berlinas deportivas que empezaban a aparecer por el mercado.

    Sé que no viene mucho a cuento pero quizá haya más aficionados al motor que también lo eran al baloncesto, y para quienes este coche siempre quedará ligado trágicamente a aquel grandísimo jugador y ganador. Por cierto, los rumores decian entonces que venía de cepillarse a una famosa.

    • Me sorprenden los datos que das del coche, sobre todo porque eres la segunda persona que me lo ha recordado hoy (ayer me lo dijo un amigo por guasap), yo no tenía ni idea. Lo que sí pensé siempre es lo que mencionas acerca de la velocidad que llevaría. El coche atravesó varios carriles de la M-30 porque no estaban los muros de contención actuales, creo que iba boca abajo o dio algunas vueltas de campana, y se estrelló finalmente contra otro coche que venía en dirección contraria. Terrible. Siempre pensé en el pobre hombre que conducía ese otro coche, Ricardo Delgado se llama. Sobrevivió, pero con graves secuelas y nunca quiso hacer declaraciones. En este enlace lo cuentan con detalle:
      https://as.com/baloncesto/2017/11/29/portada/1511990728_207685.html
      Por último, respecto a ese rumor que dices, yo no lo escuché nunca. Siempre dijeron que iba a ver el partido de sus compañeros en el Palacio de los Deportes, pero para ir al Palacio tenía que tomar la M-30 en sentido sur y el accidente fue en sentido norte. Creo que eso contribuyó a algunos rumores de gente que buscaba el morbo. En realidad iba a buscar a otro compañero, Quique Villalobos, para acudir con él al campo. En fin, una tragedia, una pena.

      • Es que justo en esa época estaba saliendo o tenía un romance con Ana García Obregón.

        A mí siempre me pareció raro el lugar donde se produjo el accidente porque si iba al Palacio de los Deportes no tenía sentido tomar la M-30 sentido norte como bien apuntas… tampoco me quedó claro de dónde venía y hacia dónde iba… esas lagunas se rellenaron con rumores que seguramente diluyeron o enturbiaron la realidad.

  8. Los pelos como escarpias al leer tu artículo, compañero de colegio. No tuve la suerte de ver a Fernando pero fijate, ¿te puedes creer que sí la tuve de jugar una zona con Antonio en el segundo patio? Era mayor que nosotros pero todos sabíamos que era hermano de Fernando, le pedimos que jugara y se animó.

    Y te voy a contar otra, saliendo de clase una tarde, ya en COU en otro colegio, según giro la esquina para tomar el autobús corriendo, me topo de frente contra un muro, levanto la cabeza y veo a Fernando mirarme sonriente. De los nervios no fui capaz ni de encontrar el boli y entré en una tienda a pedir uno al caballero que allí atendía. Charlamos un segundo del cole y de su hermano y guardo aun ese autógrafo en la carpeta de aquel año como oro que es. Una semana después, casi clavada, nos estábamos despidiendo de él.

    Encantado de encontrar a un compañero blanco del San José del Parque, no sé en tu clase pero en la mía había más indios que en Little Big Horn.

    • Pues jugar con Antonio Martín tampoco es moco de pavo, ¿eh? Era más alto que su hermano, creo que un 2,09 o así. Antonio dejó de jugar al baloncesto no el día que se retiró, sino el día que Corney Thompson, del Joventut, le lesionó en un partido. Le dio un golpe en la cabeza, le afectó las cervicales y durante unos segundos no sintió las piernas. Literal. Se angustió mucho, se le vio el pánico en la cara, y aunque siguió jugando un par de temporadas más, ya no entraba igual en la zona, tiraba más de fuera, no se fajaba bajo los aros como antes del golpe. Se retiró joven, antes de los 30, y yo creo que podía haber tenido una mejor carrera.
      Respecto al número de indios en el San José del Parque, lo cierto es que los madridistas éramos y somos mayoría (el colegio da una buena educación, jejeje). En el grupo que tenemos de antiguos alumnos somos muchos más los del parche del 13 que los seguidores de los campeones de la Europa League, si bien hay que reconocer que estos 3 ó 4 hacen mucho ruido cuando consiguen algún éxito: empatar en el Bernabéu, ganar la Europa League, que Griezmann marque 3 penaltis en el Mundial,…
      ¡Saludos, compañero!

      • 😀 Qué buena afición al baloncesto había en el colegio, lo seguíamos con la misma intensidad que el fútbol. Eso sí suerte la tuya, en nuestras reuniones resuenan tambores y lamentos entre señales de humo sin parar, qué cosas, nosotros nos pedíamos ser Santillana y ellos Arteche 😀 Veo que Boinajet también se crió en el San José del Parque, cuánto bueno por aquí.

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