El Musculitos

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A Álvaro Peláez llegar al Madrid le había costado un triunfo. Por eso le supo a muy poco poder disputar sólo dos temporadas en el equipo de sus sueños. Desde su llegada en 1922, Peláez había alternado la titularidad con la suplencia en la delantera del conjunto blanco. Una desafortunada lesión, en 1924, le apartó de la práctica de fútbol en la élite. Para él era especialmente difícil de asumir que fuera su físico lo que le apartase de su mayor afición, ya que se le apodaba el Musculitos por el grosor de sus cortas piernas. Pese a lo amargo de una despedida tan prematura, Peláez se llevaba de la experiencia una amistad realmente sincera. Santiago se había convertido en lo más parecido a un hermano y sin duda su amistad se mantendría a pesar de dejar de compartir equipo. Por ello, en los años posteriores era frecuente que Álvaro y Santiago entrenasen juntos en el antiguo campo de Felipe II. Su amistad, ya entonces, resistía el antagonismo político que se daba entre ellos. Santiago, moderado ante todo, y Álvaro irredento y, ya entonces, militante comunista.

En paralelo con su irrupción en el partido comunista, Álvaro, junto a su mujer Lorenza, acometía el reto de formar una familia. Fruto del matrimonio vinieron al mundo Álvaro y Rosario. Pero realmente la vocación real de Álvaro era la política, por tanto, la desocupación de su familia iba derivando en cierto distanciamiento hacia la misma. Durante la segunda República, Álvaro ya era un popular miembro del partido. Desde su puesto de Comisario de Estado, tenía una frecuente presencia en los noticieros. Aparte de su domicilio familiar, tenía otra vivienda dimanante de su cargo. Su fuerte amistad con Santiago Carrillo le espoleaba como una figura cada vez más relevante. En aquella época se decía que Álvaro Peláez “se entendía” con la Pasionaria, sin estar este extremo confirmado. Lo que sí era ya un hecho es que su matrimonio con Lorenza se encontraba en lo que hoy se conoce como separación de hecho.

Tras el estallido de la Guerra, el domicilio familiar era uno de los lugares predilectos para la celebración de reuniones clandestinas hasta altas horas de la madrugada. El Musculitos no vacilaba en su implicación en la lucha armada. Muy lejos quedaba aquel chaval cuyo sueño era triunfar en su Madrid. Lo cierto es que tenía mucho que perder. Su situación económica era muy privilegiada: a su empresa de gaseosa unía lo que había recibido por herencia: medio barrio de Usera, pero tal era su vocación por el partido que no dudó en donar gran parte de sus bienes al PC.

Tras la derrota del bando republicano, Álvaro logró salir de España sin mirar atrás. Su primer destino fue México. En Madrid se quedaba una familia completamente desestructurada: Lorenza, su mujer, condenada a muerte por ser la esposa de un peligroso comunista; Álvaro hijo fue enviado a la familia del chófer de la familia (esas cosas pasaban entonces), mientras Rosario se quedó en el domicilio de unos tíos. Lorenza aguardaba en la cárcel de Las Ventas su ejecución, de la que finalmente se libraría gracias a la intermediación de José Antonio Girón de Velasco, amigo íntimo de un familiar de derechas. Su condena definitiva fue a un penitenciario de Mallorca durante diez años y un día.

Mientras, Álvaro conseguía llegar a Londres, lugar que utilizaría como escala para alcanzar Moscú. Una vez que se encontró en “zona segura” decidió estabilizarse en Varsovia. Aparte de a su familia, en España había dejado seis condenas a muerte, por lo que la vuelta pacífica era toda una utopía.

Rosario, ya estable junto a sus tíos, aún recordaba con espanto cómo en una visita a su madre a la cárcel de Las Ventas se encontró a la cocinera de su casa, que entre lágrimas le pidió un recuerdo que agarrar en el momento de su ejecución. Se hizo el firme propósito de nunca volver a pisar una cárcel. La lejanía de sus padres y los amargos recuerdos de aquella época no desmoronaron nunca a una Rosario que logró auto imponerse un reseteo de cerebro para volver a empezar. Además, Rosario también había asumido que estaría siempre lejos de su madre. Tras cumplir condena, ésta se había ido a vivir a Francia junto a su hijo Álvaro.

Poco a poco, Álvaro se fue forjando su carrera en Varsovia. Su matrimonio con una periodista alemana le ayudó a abrirse camino organizando espectáculos artísticos. Álvaro era toda una referencia para los artistas latinos que viajaban a Varsovia. El conocimiento de ocho idiomas y su don de gentes le hacían especialmente apto para aquel trabajo.

El único contacto que tenía con España era a través de su relación de amistad incondicional con Santiago, que tras convertirse en presidente del Real Madrid, ahora era más conocido como Bernabéu. Gracias a los viajes del club -tanto para partidos de fútbol, como de baloncesto- los dos amigos tenían la oportunidad de reencontrase. Con motivo de esos viajes, Álvaro forjó otra gran amistad con Raimundo Saporta.

Lo cierto es que a Álvaro algo le pesaba por encima de todas las cosas. Había dejado una familia atrás y, aunque su entrada en España parecía inviable, tenía que intentarlo. Así fue como, en un viaje de Bernabéu en 1967, le entregó una carta cuya destinataria era su hija Rosario. Fue el propio Bernabéu el que se presentó en la casa de una Rosario que ya había formado una familia junto a su marido Julio. Al recibir la carta, Rosario se estremeció. Santiago era una persona que formaba parte del recuerdo de su más tierna infancia, no era él el que provocaba la crisis, sino el deseo de su ya casi olvidado padre de hablar con ella por vía telefónica. La llamada más especial que haría Rosario en su vida tuvo como resultado un día, una hora y un punto de encuentro: las doce de la mañana de un 20 de marzo de 1967, en el puente de Hendaya.

La logística era la siguiente: Julio y Rosario se establecieron durante una semana en San Sebastián. Cada mañana, Julio acercaba al puente a su esposa Rosario, que lo cruzaba para encontrarse con su padre y así pasar el día entero con él. El primer día, Álvaro le tuvo que avisar sobre la vestimenta que llevaría, puesto que el reseteo auto impuesto por Rosario se había llevado el recuerdo de su padre de su cabeza. Pese a que seguía siendo totalmente fiel a sus ideales políticos, Álvaro le reconocía a su hija que en su balance vital pesaban más las cosas negativas que había hecho que las positivas. Tanto sufrimiento, tanto desapego forzoso, pero provocado, de su familia no había merecido tanto la pena. Ya era un hombre relativamente mayor y ahora sólo quería vivir, no pelear.

Pese a que difícilmente podían mantener una conversación política que no acabase en disputa, Bernabéu volvió a mojarse por su amigo de toda la vida y le consiguió un pasaporte temporal para venir a España. Gracias a su venida, pudo conocer a sus nietas Mercedes y Belén. Junto a su hija Rosario y el matrimonio Bernabéu, hizo una visita al estadio y al museo del club. Aquel modesto Madrid en el que había tratado de triunfar acababa de ser por sexta ocasión campeón de Europa y sus instalaciones estaban por encima de las expectativas que su mente habría podido imaginar en sus días en Varsovia, en los que dibujaba un pasado en el que, sin lesión, hubiera triunfado en su Madrid.

Durante esa primera visita, en el domicilio ahora de Rosario, se presentó la policía con la intención de interrogar en sus dependencias a Álvaro. Rosario le acompañó en todo momento, pero antes tuvo la prudencia de llamar a Santiago Bernabéu, que, a su vez, avisó a Saporta para que se presentase en la comisaría. El objetivo del interrogatorio era claro: saber cómo se encontraba la resistencia opositora fuera de España. Sin embargo, Álvaro les hizo entender que ya sólo era una persona que deseaba pasar tiempo con su familia. Su vinculación con esa resistencia ya había quedado en el olvido.

Tras esos momentos de tensión, Álvaro Peláez, Rosario y su marido Julio aceptaron gustosos la invitación a pasar unos días en Santa Pola, donde los Bernabéu tenían una segunda residencia.

Tras esta primera visita a España, y siempre por la intermediación de Bernabéu, vendrían muchas visitas más. Álvaro tenía dos familias y ya no quería dejar a Rosario de lado. Por ello, con periodicidad anual visitaba a su hija en España acompañado de su hijo José Luís, fruto de su matrimonio con su esposa alemana.

Tras una larga vida, Álvaro Peláez murió en Varsovia a los noventa y seis años. Su tumba fue profanada porque, pese a ya llevar muchos años en paz, Álvaro había dejado enemigos. Durante muchos años, su único punto de conexión con su tierra fue ese amigo del equipo de fútbol que terminaría por convertirse en el personaje más relevante en la historia del Real Madrid. La amistad surgida a partir del fútbol había sobrevivido a todo lo demás.

Gracias abuela Rosario por contarme la historia de tu padre, Álvaro Peláez, el

Musculitos.

6 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo, ese era Bernabeu en estado puro y siempre aplicando el principio evangélico “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, sin sacar pecho ni alardear de valores . Por cierto que nadie piense que su vivienda de Santa Pola era algo lujoso , yo la conocí y era una pequeña casita de pescadores con un pequeño jardin.

  2. Impresionante historia, aunque deja de lado a quien para mí es la principal víctima de esta historia, la señora Lorenza, a quien se le debería hacer más justicia. Ella sí que era “musculitos”, pudiendo sobrevivir a todo lo que pasó. Me gustaría saber cómo acabó su historia.

  3. Buenas tardes D. Ramón, felicidades por este extraordinario artículo que nos muestra otra faceta
    desconocida de D. Santiago, aunque algo se podía atisbar del trato que le dio D. Santiago al que
    fue presidente del Madrid los 2 años anteriores a la guerra civil, ( D. Rafael Sánchez Guerra) destacado
    miembro de Izquierda Republicana y de la Administración de entonces. Valga el tópico, hace rato que
    leí el artículo y aún tengo un ” nudo” en la garganta. Felicidades por esta joya D. Ramón.
    Saludos blancos, castellanos y comuneros

  4. Don Santiago fue íntimo amigo de mi paisano Antonio Martínez, de Aspe, cuya familia cuenta con muchos recuerdos sentimentales y también físicos, palpables, del hombre que hizo del Madrid, junto a Di Stéfano, el mejor club de fútbol de la historia.
    Te animo a que investigues sobre esa relación.

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