Bale, el mus y la completitud

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El Mundial de clubes no es el título más importante de la temporada, pero representa una completitud de objetivos con arreglo al título que le precedió. La completitud no debería ser un concepto que admitiera superlativos -se está completo o se está incompleto, sin gradaciones-, pero esta tarde el Madrid puede mutiplicar por tres el tamaño de su completitud. 2016: campeón de Europa en mayo, campeón del Mundo en diciembre. 2017: campeón de Europa en mayo, campeón del Mundo en diciembre. 2018: campeón de Europa en mayo… Rellenen ustedes los puntos suspensivos y rompan la membrana de una redondez que se instala en la arrogancia, o sea, donde (casi) no tiene más remedio que estar el Madrid por mucho que pugne por ser humilde.

Se nos acusa con frecuencia de prepotentes a los que profesamos este culto, y se nos acusa probablemente con razón, pero a su vez hay razones que sin ser eximentes atenúan la culpa. Somos prepotentes porque tendría mucho (casi demasiado) mérito no serlo. Otros lo son también, y lo que tiene mérito es que lo sean. El madridismo tiene el pretexto perfecto para su altanería en el hecho de que cualquier otra arrogancia queda, por comparación, convertida en injustificada. Trece es un número inmensamente superior a cinco, por ejemplo, es mucho más que el doble. Si el de cinco (llevado de la necesidad de afirmación del nuevo rico) habla de no sé qué, cómo no voy a hablar yo de no sé cuantísimo.

El Madrid se planta hoy ante la opción de volver a ser campeón del Mundo teniendo que pedir perdón por ello, como siempre, y en este caso también perdón por la escasa envergadura histórica de su rival. A Bale, su gran estrella guste o no, le pasa lo mismo: llega aquí con el lastre moral de no haber emitido aún las correspondientes disculpas por haber metido tres goles en la semifinal.

Se trata acaso del primer jugador en la historia del fútbol que ha sido mediáticamente masacrado por un hat trick. En lugar de llevarse el balón a casa, se lo debería haber llevado a un confesionario. Por lo visto, y si no lo creen oigan El Radio de Richard Dees, Bale se ha pasado toda la temporada reservándose de forma nefanda para esta competición mientras sus compañeros, en cambio, daban lo mejor de sí mismos, lo mejor de sus talentos y energías, sin que el esfuerzo titánico de esos diez sirviera para compensar el pasotismo del galés, lo que explica la mala campaña del Madrid hasta el momento. Encima, no se integra, hasta el punto en que ayer fue visto jugando al mus con sus compañeros y exhibiendo un gran dominio de la gestualidad del juego. No es broma. A lo mejor no es Fernando Lázaro Carreter, pero Gareth Bale juega al mus. Otros compañeros, mucho más castizos, le dan al Fortnite. La prensa, entretanto, le da a su propia caricatura.

Una prensa que ayer fue puesta en su sitio preciso y exacto por Solari y sobre todo por Ramos. El técnico proclamó su incredulidad por el escasísimo reconocimiento que cosecha el Madrid en medio de este ciclo de insultante hegemonía. El camero descerrajó una comparecencia para la Historia. Con la mejor de sus sonrisas (y otra cosa no, pero sonrisas no le faltan) desactivó a la canallesca que ni a Dybala en Cardiff. Fernando Burgos le habló de “esta era que vosotros llamáis legendaria” como quien habla de Orson Welles, ese gordo que desde una silla daba órdenes a unos y otros ganándose de este modo pedestre la incomprensible consideración de maestro del séptimo arte. “¿Que NOSOTROS llamamos legendaria?”, le espetó Sergio. Hay gente a la que habría que dar tiempo para encontrar la manera más entretenida de ir a paseo. Lucas Vázquez dio pistas en Milán con aquel recorrido ufano de balón giratorio sobre el dedo. Ahí empezó todo, por cierto, a pesar de que todo empezó siempre antes: con un balón girando sobre el dedo de un novato que, pese a serlo, ya comprendía que en el Madrid es muy difícil sustraerse a la tentación de una somera chulería.

Somos prepotentes porque tendría mucho (casi demasiado) mérito no serlo. Otros lo son también, y lo que tiene mérito es que lo sean. El madridismo tiene el pretexto perfecto para su altanería en el hecho de que cualquier otra arrogancia queda, por comparación, convertida en injustificada.

Lo mejor de la rueda de prensa del capitán, con todo, vino en este diálogo legendario.

-Y tu siguiente pregunta es sobre Mou, seguro.

-Eeeh… Pues no era. Pero mira, sí.

Fue un momento mágico. Ya no cabe ir más sobrado. Le cambio radicalmente la pregunta al periodista, antes de que salga de sus labios, y luego se la contesto, faltaría más. Cuando has cambiado el guión de Lisboa, se lo puedes cambiar a Orson Welles o al mismísimo Fernando Burgos. Fue como el plano secuencia con que principia Sed de mal (la de Burgos), es decir, una odisea triunfal, un minuto 93 en la tarima.

El partido tendrá su complicación. Estos árabes han logrado que los de River (¡unos argentinos!) se quejen porque el rival (los árabes) son en los córners más vivos que ellos, porque reparten en los córners codazos con más arte (¡con más arte que unos argentinos!). Tienen una delantera estimable y la ventaja de quien no tiene nada que perder: cada minuto de resistencia será como diez minutos, y una losa en el ánimo del Madrid si no se conserva la calma. Hay tanto que perder que asusta, y ése es justamente el peligro. Sin embargo, deberíamos triunfar.

Esta tarde haznos completos, Real Madrid. Qué le vamos a hacer si no tienes otra que ofender al personal, de hecho, haciéndonos tricompletos.

5 COMENTARIOS

  1. Espero que Bale hoy haga otros tres…Aunque a pesar de hacerlos, seguirá teniendo que pedir perdón.
    Y si no los hace, y hace un buen partido, y el Madrid gana, estaré casi igual de contento.
    ¡¡¡Disfrutemos con los partidos ganados!!!

  2. Los madridistas no somos prepotentes, somos potentes. Y lo somos porque podemos.
    Bale, en efecto, es el primer jugador denostado por marcar tres goles en un mundial de clubes. Todo un logro.Tendría que haberlos marcado en Eibar. Qué tipo tan raro, que es capaz de marcar goles dónde y cuando quiere. Qué le vamos a hacer.
    Saludos.

  3. Pues sí, Jesús, somos prepotentes porque tendría mucho (casi demasiado) mérito no serlo. Otros lo son también, y lo que tiene mérito es que lo sean…

    Y nos han vuelto a hacer completos….

    ¡Felices Fiestas y Hala Madrid!

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