Aclaración sobre Santiago Bernabéu y Millán-Astray

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El diario ABC publicó el lunes 7 de enero un artículo en descargo de la figura del fundador de la Legión, Millán-Astray e indirectamente en menoscabo de la de Santiago Bernabéu. El texto ofrecía una reinterpretación de un episodio que ocurrió en el recinto deportivo madridista a principios de los años cincuenta. Esos hechos ya habían sido relatados anteriormente, tanto en prensa escrita como en literatura deportiva, pero últimamente la anécdota había ganado visibilidad a partir del documental «Bernabéu» (2017). Algunos de los elementos del suceso parecen hechos objetivos y otros están más sujetos a interpretación. Lo que parece seguro -o al menos es común a todas las versiones- es que hubo un beso de Millán-Astray a la esposa de un diplomático extranjero y que este saludo fue interpretado como una falta de respeto. La lectura que ofrece Guillermo Rocafort Pérez, el autor del artículo del ABC, es que el beso era un saludo protocolario “normal en la España de la época” y que el embajador se ofendió por motivos relativos a su esfera cultural particular.

Sin embargo, aunque el beso social actualmente pueda ser moneda común, entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta no era algo canónico.  Se pueden encontrar referencias en línea sobre usos y costumbres del saludo y, por ejemplo, la revista Semana (1962) inició un artículo sobre el tema diciendo: “Hasta hace muy poco tiempo el beso en público estaba reservado; parecía rigurosamente reservado a parientes muy directos”. Así que su difusión como práctica social parece haber empezado a producirse durante la década de los sesenta cuando Millán-Astray ya llevaba algunos años fallecido.

Las dos principales biografías de Bernabéu recogen el encontronazo con Millán-Astray. Martín Semprún en “La Causa” cita a Gilera ( Enrique Gil de la Vega, de ABC), que es la principal fuente de información a la que apela Guillermo Rocafort Pérez en su artículo, pero Martín Semprún también dice que hubo otros testigos del incidente y que estos aseguraron que el general “llegó a meterle mano a la señora”. Según esta versión se montó un buen escándalo y la cosa no pasó a mayores por la “exquisita educación de la ofendida”. La otra biografía, obra de Julián García Candau, recoge el episodio del beso, pero añade además un comentario de interés al juzgar que la acción del militar “era algo que en aquella época era hasta pecado”. Julián García Candau también recogió el suceso en otro de sus libros: “Madrid-Barça: Historia de un desamor”, añadiendo que el militar también se había propasado con la mano.

El artículo de ABC, además de interpretar que la reacción de Bernabéu fue desproporcionada a la acción, considera que Millán-Astray se comportaba en el recinto deportivo de acuerdo a su rango y a la normativa vigente, y sugiere que Bernabéu sentía algún tipo de animadversión personal. Esta última parte parece que es correcta. Martín Semprún, que le hizo hasta seis entrevistas a Bernabéu de cara a reunir el material para su libro, confirma que al patriarca blanco “no le gustaba su jeta”. Pero dicha antipatía parece que en realidad no estaba tanto fundamentada en criterios estéticos, como en la valoración que Bernabéu hacía del comportamiento del militar. Según Julián García Candau, el problema era que Millán-Astray acostumbraba a presentarse en el estadio sin ser invitado y tomaba el asiento que le apetecía sin respetar el protocolo u organización del club. Así que, tras producirse el suceso con la esposa del diplomático, más un desafío a duelo con pistolas en respuesta a habérsele prohibido el acceso al estadio; Bernabéu contactó con el delegado nacional de Deportes, el general Moscardó, para quejarse. Sin embargo, el llamado Héroe del Alcázar de Toledo le exigió a Bernabéu que se disculpase con un hombre “que había hecho tanto por la Patria”.

el problema era que millán-astray acostumbraba a presentarse en el estadio sin ser invitado

Como a Bernabéu no parecía apetecerle la solución brindada por Moscardó, se puso en contacto con su general Muñoz Grandes, ministro del Ejército y el hombre de la División Azul, y este se ocupó del asunto. Aunque la versión que da Julián García Candau en “Madrid-Barça: Historia de un desamor” difiere de la ofrecida en ABC por Guillermo Rocafort. No fue tanto que Muñoz Grandes mediara “para que aquello no fuera a mayores” como que le prohibió a su colega volver al palco, indicándole que aquel era un recinto privado y que la guerra no le había concedido derechos sobre los palcos de los campos de fútbol. Cuando el ministro de Agricultura, Rafael Cavestany, intentó saltarse el protocolo del club, tras llegar al recinto sin avisar y forzar a Bernabéu a cederle su asiento sucedió exactamente lo mismo. Bernabéu pidió ayuda a Muñoz Grandes y este afeó la conducta de su colega en el Consejo de Ministros, que fue el lugar en donde acabó quejándose Cavestany.

En relación a la altura de estos oponentes, cabe una apreciación. Guillermo Rocafort Pérez inicia su artículo diciendo que Millán-Astray estaba “en el ocaso de su vida” y “don Santiago Bernabéu, en toda su plenitud”. Si nos atenemos a criterios biológicos eso puede ser cierto al ser Bernabéu dieciséis años más joven, pero dado que Rocafort cita no solo sus nombres si no su estatus, procede contextualizar que el prestigio de Millán-Astray, en virtud de su historial militar y hombre del régimen, era bastante superior. Al menos hasta entonces, puesto que cuando se produjo el altercado tampoco había empezado todavía el ciclo victorioso de Di Stefano en el Madrid, por lo que Bernabéu no gozaba aún del aura personal de la que dispondría gracias a los títulos europeos.

Santiago Bernabéu estaba totalmente en situación de inferioridad. Además de la influencia social y política de su adversario, seguramente también habría sido abatido si se hubiese llegado a producir el duelo con pistolas. Por más que Millán-Astray estuviese cojo, manco y tuerto, no dejaba de ser un pistolero experto y en cambio Santiago Bernabéu, aunque estuvo en la guerra, lo hizo en calidad de cabo y no llegó a entrar en combate.

Lo que sucede es que si bien el mandatario blanco sabía hacerse el cazurro cuando le convenía, también podía actuar como un maestro de la diplomacia más sibilina. Por eso podemos especular que con Millán-Astray jugó su propia partida a la espera de poder sacar su mejor carta.

El presidente era -en palabras de Julián García Candau- muy celoso del orden en el palco presidencial, un lugar que trataba de salvaguardar de toda injerencia exterior. Según sus empleados, con el paso de los años se las tuvo tiesas varias veces con políticos importantes, por su deseo de que se respetase la organización que él había establecido.

32 COMENTARIOS

  1. ¿David Mata en La Galerna? ¡Bravo! A ver si no es la última vez, y si también puede pasarse por aquí Sergio Vilariño.

    Yo conocía esta historia por la enciclopedia del Madrid que publicó el As, bajo la dirección de Bernardo Salazar, que, sin ser yo historiador, me parece muy bien documentada. La versión que se daba de este encontronazo es muy similar a la del artículo. Da la sensación de que Bernabéu siempre intentó, en la medida de lo posible, mantener la condición del Madrid de club privado; cosa que, teniendo en cuenta que tras la guerra se encontraba poco menos que intervenido por el gobierno franquista, no debía de ser fácil.

    • Que tal, DeSqueran me alegro leerte también por esta plataforma. Salazar me parece un historiador deportivo bastante honesto y bien informado, así que me alegra coincidir con él. Por lo que he leído la relación entre Bernabéu y la Delegación Nacional de Deportes, salvando los inicios siempre fue tensa. Parece que con Moscardó se enrareció cuando este dio la callada por respuesta cuando el club le pidió ayuda para la edificación del Nuevo Chamartín futuro Santiago Bernabéu.

    • Buenas noches ojo con D. Bernardo de Salazar, como persona ya fallecida no voy a decir nada de él, simplemente les pongo una necrológica del As, donde trabajaba. Entre paréntesis

      (As está de luto. Bernardo Salazar y Acha (Madrid, 1942) falleció este martes en la capital. Este “madrileño de la calle Serrano”, como se definió alguna que otra vez, fue el mejor historiador de fútbol de este país. Ni más ni menos. Su prodigiosa memoria, llena de historias, curiosidades y anécdotas, albergaba toda una enciclopedia de fútbol, ciclismo y otros deportes con los que disfrutaba enormemente.

      Bernardo era del Atleti. Era y sentía al Atleti. No en vano, su abuelo, Eduardo de Acha, fue el segundo presidente del conjunto rojiblanco. Recolector de los archivos más insospechados, corregía a todo aquel que escribiese algo erróneo. No dudaba en ponerse en contacto con algún personaje para conocer tal o cual dato. Minucioso hasta límites insospechados, mandó un ejemplar completamente corregido de su puño y letra del primer fascículo de una historia del Madrid que publicaba un diario madrileño. Admirador del deporte universal y español, siempre quiso dar a conocer aquellas historias que habían pasado por ciertas cuando eran erróneas. Desentrañaba las historias que le llegaban con una inenarrable pasión, fe inquebrantable e infinita paciencia de cirujano.

      Padre de tres hijos (Bernardo, Borja y Alejandra, de la que no se perdía ningún partido de pádel), había estudiado en la Universidad Complutense de Madrid. Se licenció en Económicas y era técnico en publicidad de reconocido prestigio y amplia experiencia. Pero supo convertir su temprana afición por el universo deportivo, y sobre todo, el futbolístico, en una forma de vida. Descanse en paz.)
      Saludos blancos, castellanos y comuneros

      • Sí, ya sabía que Salazar era del Atlético. Por eso, precisamente, dice mucho de él que la enciclopedia del Madrid tenga tanta calidad. De hecho, aporta documentación abundantísima sobre varios episodios (como el fichaje de Di Stéfano) en los que el Madrid, supuestamente, fue beneficiado por el régimen franquista, para desmentir ese favoritismo.

        • Era del Atlético pero no era antimadridista, de hecho contaba que se hizo socio de los dos para ver fútbol todas las semanas.

          Un personaje entrañable. Todo historiador deportivo debería tenerlo de referencia, tanto a él como a Don Félix de Martialay, quien también falleció hace unos años.

  2. El Madrid no estuvo, ni poco ni mucho, intervenido por el gobierno franquista, cuando sí estuvo intervenido fue con el seudodemocrático gobierno de la II república.

    • Hola Diomedes,

      Que Millán-Astray era del Atleti se detalla, incluso, al término del artículo de ABC:

      “Lo que no se cuenta es que si Millán Astray iba a ese campo era por afición, por amor al deporte, y no por pasión, pues de quien era hincha realmente no era del Real Madrid, sino del Atlético de Madrid, donde el verdadero triunfo no está en la gloria y en las recompensas, sino en el sufrimiento y en la adversidad, tal y como me reconoció su única hija, doña Peregrina, en cuya amistad me honro.”

      • Eso del “sufrimiento y la adversidad” queda muy poético pero no sería en los tiempos del incidente. El Atlético , por entonces, si que era el genuino equipo del régimen, el ejército, y sus sufrimientos y adversidades eran escasos , no hay más que ver las ligas que ganaron en esas fechas y quienes formaban parte de sus juntas directivas.

  3. ¡ Qué grande es la Galerna !. No sé cuanto tiempo lleva en activo; puede que 3-4 años. Pero, yo la descubrí no hace ni medio.

  4. Que no, que no. Que Bernabéu era un alcahuete del franquismo…y vale ya! 🙂

    Fuera de bromas, muy buen aporte. Una historia ya conocida pero no por ello innecesaria de recordar a todos los infames apologistas de la leyenda negra.

    • Los cules han inventado una historia aparte, en lo social, civil y por supuesto futbolístico. Pero los aparatos que manejan se lo han puesto en bandeja. Otra razón más para boicotearlos. La historia es la que es, y no puedes cambiarla a tu antojo. El artículo es excelso. Brillante. El Madrid no se merece está Liga tiene que ir a por la grande, la Superliga.

  5. Buenas tardes, en primer lugar, he de decir para fijar mi posición, que no he leído ni pienso hacerlo el torticero artículo de esa basura llamada A.B.C., doy por buena la visión que de tal artículo da D. David Mata, al que ademas aprovecho la ocasión para darle la bienvenida más sincera, en segundo lugar todo mi interés es llegar a desentrañar desde un punto de vista histórico y político cual es el motivo por el cual contra toda lógica el antiguamente prestigioso periódico hoy convertido en basura informativa, toma posición por un asesino franquista en contra de un monárquico, que durante toda su vida sólo defendió la restauración de la monarquía asumiendo riesgos que a punto estuvieron de costarle muy caros tanto a D. Santiago como al Madrid,. Es bien sabido que D. Santiago era un conocido monárquico ademas de simpatizante del partido de derechas C.E.D.A., al principio de la guerra civil y destruida toda legalidad republicana, con el poder en manos del Frente Popular, D. Santiago tuvo que esconderse en la embajada de Francia, donde estuvo dos años, para no ser fusilado, pudo pasar a Francia y volvió para enrolarse en el ejercito franquista, donde ejerció labores de inteligencia, sin llegar a participar directamente en combates de primera linea. Siendo presidente del Madrid, y creada ya la Copa de EUROPA, D. Santiago que seguía siendo monárquico y cuyas relaciones con el franquismo eran bipolares un año bien, otro mal, no hace falta que os recuerde la cabronada perpetrada por la F.E.F. de impedir fichar por el Madrid a Kubala, al cual había traído D. Santiago a España junto con su equipo de exiliados húngaros el Hungaria, fue en 1950 y el presidente de la federación un atlético y el secretario técnico un famoso barcelonista Dr. Cabot le dijeron a Kubala o que fichaba por el Barcelona, o que la federación no le daría el permiso para jugar en España, evidentemente a D. Santiago se le quedo cara de tonto, hay un artículo en La Galerna escrito por mí que cuenta con todo detalle, incluyendo fechas, que explica la cerdada esta de impedir a Kubala jugar en el Madrid, es de hace varios años, volviendo a la copa de Europa de 1956, a D. Santiago no se le ocurrió nada mejor que al ir a jugar a Suiza con el Lausana, que rendir visita a D. Juan de Borbon abuelo del actual monarca y entonces en el exilio, veamos como lo cuenta El País, en una extensa crónica histórica entre paréntesis

    La Copa de Europa arrancó en la temporada 55-56, con el Madrid entre los 16 participantes. Era el campeón de Liga y también uno de los impulsores, vía Bernabéu y Saporta, de los preparativos, que duraron menos de un año. En un tiempo récord, dos años antes de los Tratados de Roma, en una Europa con democracias y dictaduras, con monarquías y repúblicas, con católicos, protestantes, ortodoxos y musulmanes, con un telón de acero que la partía en dos, un grupo de pioneros nucleado por L’Equipe puso en marcha aquella colosal iniciativa. Y lo hizo con el recelo de la UEFA, que tenía en proyecto un campeonato continental de selecciones y vetó el nombre de Copa de Europa para la competición de clubes. Esta se llamó en su primera edición Copa de Clubes Campeones Europeos. Pero coloquialmente fue la Copa de Europa desde el primer día.

    Al Madrid le tocó como primer rival el Servette, de Ginebra, la ciudad de Calvino. El partido de ida fue allí, el 8 de septiembre de 1955. Fiesta local, Día del ayuno ginebrino, que conmemoraba la matanza de hugonotes en París en La Noche de San Bartolomé, cuyos supervivientes se refugiaron en Ginebra. No había luz artificial aún en los campos, así que se buscaban jornadas festivas entre semana para estos partidos. Como no había empezado la Liga, el Madrid se preparó con dos amistosos. Ganó ¡6-12! en Córdoba, en la inauguración de El Arcángel, y luego 5-0 al Murcia, en el Bernabéu.

    El Madrid viajó en medio de una discreta expectación. Aún no se sabía bien qué era eso. Di Stéfano entraba en su tercera temporada y el club había ganado las dos Ligas previas y acababa de conseguir la Copa Latina, que jugaban los campeones de Francia, Italia, Portugal y España. El Servette le temía.

    En Lausana, Don Juan y su hijo Juan Carlos visitaron al equipo, lo que incomodó al Régimen y silenció la prensa

    La víspera del partido se produjo una visita que incomodó al Régimen y silenció la prensa. Don Juan de Borbón y su hijo Juan Carlos estaban en Lausana, pasando los últimos días del verano en la residencia de la reina Victoria Eugenia, viuda de Alfonso XIII. Don Juan era considerado por Franco una amenaza, por las presiones internacionales para reconstruir en su figura la monarquía española. Cualquier aparición suya en prensa estaba vedada. Sí aparecía Juan Carlos, entonces un muchacho de 17 años, de cuya formación se había hecho cargo el propio Franco.

    Bernabéu, que, en contra lo que tanto se repite, no era franquista sino monárquico, llevó al Real Madrid al Palacio de Lausana la víspera del partido, donde el grupo se hizo una foto en la escalinata de entrada. Ahí está todo el equipo, retrepado por los peldaños. En primera fila, la reina Victoria Eugenia en el centro, flanqueada por su hijo y su nieto, y más a los lados Bernabéu, Saporta, Juanito Alonso y Antonio Calderón.

    Don Juan y el joven Juan Carlos fueron invitados al partido la tarde siguiente. Lo mismo que la foto de la escalinata, la de ambos en el palco fue omitida en la prensa, como el propio hecho de la visita. Pero circularon bajo mano en ámbitos de la conjura de Estoril, el grupo de monárquicos que aspiraba a ver a Don Juan como Rey de España.

    Los equipos saltaron al campo a las cinco menos cuarto. Aquella primera alineación del Madrid en la Copa de Europa fue: Alonso; Navarro, Oliva, Lesmes; Muñoz, Zárraga; Molowny, Pérez Payá, Di Stéfano, Rial y Gento. El Servette era conocido por su cerrojo. Lo entrenaba el prestigioso Karl Rappan, austriaco, inventor del mismo. Lo había puesto en marcha ya como seleccionador suizo en el Mundial de 1938. El cerrojo (o béton, o verrou), de cuyo invento pretendió apropiarse mucho después Helenio Herrera, consistía en dejar un jugador libre de toda función por detrás de los defensas.

    Y así lo hizo, de manera que convirtió el partido del Madrid en un dolor de muelas. No sorprendió, porque el Servette había jugado unos meses antes en España un amistoso de preparación de la selección B, pero entonces no había costumbre de atacar ese problema. Rappan dejó al calvo y sabio Gyger detrás de cinco defensas que marcaban al hombre a los cinco delanteros del Madrid. Arriba dejó a los dos extremos, al delantero centro y al interior Friedlander. La media, despoblaba. De la defensa salían pelotazos para arriba que a veces pillaban descubierto al Madrid, cuyos medios, Muñoz y Zárraga, faltos de tarea, tendían a sumarse al ataque. Mucho forcejeo, un tiro de Pérez Payá al larguero, Gento lesionado (porque, además, pegaban) y un par de buenas intervenciones de Juanito Alonso. Esa era la cosecha al descanso.

    Di Stéfano estaba de un humor de perros. Se quejaba de que el balón estaba con poco aire y el árbitro, el francés Sautel, no le hacía caso. Hacía calor y se le habían hinchado las manos, lo que le pasaba con frecuencia. Entró en el vestuario dando voces:

    —¿Será posible que no les podamos meter un gol a estos relojeros?

    Abrió el grifo de agua fría del lavabo, lo taponó y metió las manos y los antebrazos para refrescarse. Lo hacía con frecuencia. En eso estaba cuando por el vestuario apareció Saporta, siempre con un ojo en el futuro, con el joven Juan Carlos, para que saludara a los jugadores. Tras saludar a todos fue al lavabo, donde Di Stéfano estaba en su incómoda posición. Juan Carlos quiso ser amable pero no lo consiguió:

    —Saeta, los emigrantes esperan del Madrid una victoria…

    —¿Y vos quién sós? ¡Andá a cagar, nene!

    La anécdota la contaba con frecuencia Di Stéfano, que la terminaba con un jocoso:

    —¡Mirá vós! ¡Y luego fue rey! ¡Si llego a saberlo le beso la mano!

    Solía asegurar que no le reconoció, pese a haber estado la tarde anterior en Lausana y al aspecto llamativo del príncipe, alto, rubio… Quién sabe. Quizá estaba obcecado con el partido y no cayó, o lo bastante irritado como para esa salida de pata de banco que horrorizó a Saporta.

    En el minuto 74 aún estaba el partido empate a cero cuando un tiro desde fuera del área de Muñoz pegó en un hoyo, saltó mal y burló al portero. Un tiro fácil de parar se convirtió en el gol salvador. Luego, casi en el último segundo, Rial marcó el 0-2 en una rápida combinación con Di Stéfano.

    La cena fue grata. Bernabéu sorprendió a todos al contar que en 1923 había jugado con el Servette, en Sevilla, invitado por los hermanos Mengotti (ginebrinos que jugaron en el Madrid) para suplantar a uno que se había puesto enfermo. Dijo que hasta había marcado un gol. Fue aplaudidísimo.

    El Boletín del Madrid del mes de octubre se extendía sobre el partido. La portada era una foto de la recepción de Lausana, en la que aparecía el príncipe, risueño, charlando con Saporta y Molowny en presencia de Pérez Payá. Saporta cuidaba los detalles.

    Luego, Partizán, Milán y Stade Reims, en París, donde el Madrid ganó la primera. Y así, hasta cinco seguidas. Más adelante, cinco más. La historia que mañana se reanuda ante el Basilea empezó justamente en Suiza. Al calor de la Familia Real)
    En resumidas cuentas, que queda probado el fervor monárquico, de D. Santiago, y que no le importaba molestar al régimen para que quedara fe y constancia de ello, pues la visita le sentó a Franco como una patada en la entrepierna, dado que por aquel entonces aspiraba a una monarquía constitucional( luego cambio) donde Franco no tenía cabida. Por lo tanto y esta es la pregunta ¿ Por qué en el citado artículo el A.B.C. Toma partido por un criminal franquista, anti monarquico, y no por un ferviente monárquico como D. Santiago? ¿ ¿ Es suficiente para justificar tal hecho que Millán Astray, fuese un acérrimo seguidor del Atlético Aviación y lo que le gustaba de ir a La Castellana era montarla?. No parece motivo suficiente, yo no le encuentro explicación racional, al tono anti D. Santiago y blanqueamiento del genocida castrense del periodico A.B.C., . Si alguien sabe más sobre este tema o le encuentra alguna explicación lógica, que escriba por favor.

  6. Muy bueno el artículo, ya conocía la anécdota, pero desconocía la vuelta de tuerca colchonera que se le había dado en ABC.
    Me queda una duda, se conoce la nacionalidad del diplomático y de su esposa?
    Muchas gracias por todo

  7. Muy interesante, un lujo de artículo. Hay tantos datos contrastados sobre las relaciones del Madrid con el Régimen y las que entonces gozaban sus máximos rivales históricos, Barça y Atleti, que me sigue extrañando el éxito de los manipuladores que inventaron en su día lo del Madrid como “el equipo de Franco”. Repito, muy interesante, al igual que los comentarios.

  8. ¡ Abajo la cultura !
    ¡ Viva la muerte !
    ! Ja ja ja ! Es broma, gracias al Altísimo que medió Su Vuecencia Don Agustín Muñoz Grandes y no pasó a mayores.

  9. Son Santiago tenía unos atributos tan grandes que el peso se los mismos no le hicieron medir 2 metros.
    Hoy no permitiría el abuso constante de los trencillas y Federación desde las Ligas de Tenerife, es lo único que no entiendo se la política de Don Florentino.
    ¡ Super Liga ya ! Y salgamos de la podredumbre del Varzelona y Vilvao.

    • ¿ Son (sic) Santiago Bernabéu ?.

      A ver si usted , “Butifarra blanca”, es balear y no catalán. No sé, no sé…Y no me venga, si us plau, con lo de Països Catalans.

  10. ” Un equip, que va de blanc i que deu 50.000 mil milions ” Núñez dixit.
    ¡ Qué Grande es el ” Milcopas ” !
    Los catalanes del Real Madrid somos primera línea de fuego, igual que Los Tercios Viejos.
    ¡ Cambio y corto desde territorio hostil !

  11. Genial artículo y que como otros tantos de vez en cuando, desmontan la leyenda negra idealizada desde Cataluña y otros sectores antimadridistas.
    Muy bueno tu aporte histórico, Comunero !

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